Jueves, 21 de Enero de 2010 22:29
Recién había arribado a los 10 años y las imágenes de la televisión ese 23 de julio de 1976 ya me tenían hipnotizado. Se celebraban los XXIx Juegos Olímpicos en Montreal, Canadá. Un joven mexicano de 24 años, Daniel Bautista, luchaba literalmente codo a codo por alcanzar la gloria olímpica en la prueba de 20 kilómetros de marcha. “¡Vamos Daniel! ¡Tú puedes!” –eran las palabras expresadas con vehemencia por quienes estábamos ahí,eran palabras llenas de sentimiento dirigidas a una pantalla indiferente con el anhelo que le llegaran a nuestro compatriota. Queríamos empujarlo con nuestro aliento, con nuestro sudor, con nuestra fe. La realidad de su victoria tenía que ser el detonante de nuestro propio proyecto personal.
El final fue dramático. Daniel Bautista, menudo y moreno, vigoroso e incansable, caminaba
Q
Daniel Bautista logró la medalla de oro y con un sombrero de charro orgullosamente mexicano entonó con emoción y lágrimas el Himno Nacional. Todos hicimos nuestra su victoria y exultantes proclamamos su disciplina y su espíritu indomable. Fue una noche de celebración y nada más. Hasta ahí, esa ha sido la gloria humana.
Muchos se afanan por obtener esta clase de gloria aún sabiendo que no les durará para siempre. Para ir en pos de ella el ser humano está dispuesto a sacrificar todo lo que posee, aún su propia integridad, pero es vano el esfuerzo. Sin embargo no es así con la gloria celestial. Lo que Dios nos ofrece gratuitamente trasciende y sobrepasa todo aquello que el mundo considera valioso. Elena de White nos aconseja: “Cada cual busque al Señor por sí mismo. La eternidad está delante de nosotros. No puede permitirse dejar pasar un día más sin ponerse del lado del Señor. ¿No hará la parte que Dios le ha asignado para los momentos finales de la historia de esta tierra? Es imposible dar una idea de la experiencia del pueblo de Dios que estará vivo en la tierra cuando se unan las angustias del pasado con la gloria celestial.” (Cada día con Dios, 1 de marzo).
El apóstol Pablo reafirmaba esta idea al hacernos la siguiente invitación: “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Corintios 3: 18).
¿Y tú buscas la gloria terrenal o la celestial? Al tiempo.
El Pastor José Luis Ramírez es el director de Mayordomía, Vida Familiar, Comunicación y Espíritu de Profecía de la Asociación Veracruzana del Sur.
Comentarios (5)
DIOS ME ILUMINO CON ESTE HALLAZGO.
SALUDOS DESDE HARRIMAN, TENNESSEE EEUU-
SALUDOS
ESTABA REBISANDO LA GALERIA DE FOTOS DEL BICAMPOREEE Y RESULTA QUE DE VARIAS FOTOS SE NOS SACARON AL CLUB DE CONQUISTADORES "EMMMANUEL" (DIOS CON NOSOTROS) NO APARECE NINGUNA NO SE VALE.....
DEBERIAN DE PONER TODAS....
SALUDOS Y QUE DIOS LOS BENDIGA
(POSDATA: ESPERO Y SI SUBAN TODAS LAS FOTOS)
Todo es posible
justo a mi pensamiento de hoy















