Jueves, Septiembre 09, 2010
   

El Hogar y la Familia

Dios bendice la familia e intenta que sus miembros se ayuden
mutuamente hasta alcanzar una completa madurez.

 

La salud y prosperidad de la sociedad están  directamente relacionadas con el bienestar de sus partes constituyentes – la unidad familiar. Hoy, como probablemente nunca antes, la familia esta en problemas. Los comentaristas sociales condenan la desintegración de la familia moderna. El concepto cristiano tradicional del matrimonio entre un hombre y una mujer se encuentra bajo  ataque. La iglesia Adventista del Séptimo Día, en esta hora de crisis familiar, alienta  a cada miembro de la familia a fortalecer su      dimensión espiritual y la relación familiar a través del amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad.

La creencia fundamental Nº. 22 de la iglesia basada en la Biblia expresa que la relación marital “debe reflejar el amor, la santidad, cercanía y permanencia de la relación entre Cristo y Su iglesia ... Aunque algunas relaciones familiares puedan estar lejos del ideal, los cónyuges que  se entregan completamente el        uno al otro pueden alcanzar la unidad afectiva a través de la ayuda del Espíritu Santo y de la alimentación de la  iglesia. Dios bendice la familia e intenta que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar una completa madurez. Los padres deben criar a sus hijos para amar y obedecer al Señor. Por medio de su ejemplo y  de sus palabras deben enseñarles que Cristo es un amante instructor, siempre tierno y atento, que quiere que ellos se conviertan en miembros de Su cuerpo, la familia de Dios”. 

Elena de White, una de las fundadoras de la iglesia, declaró: “El trabajo de los padres es el sostén de todo lo demás. La sociedad está compuesta por familias,  y ella es lo que las cabezas de la familia hacen de la sociedad. Del corazón mana la vida (Prov.4:23);  y el corazón de la comunidad, de la iglesia, y de la nación es la familia. El bienestar de la sociedad, el éxito de la iglesia, la prosperidad de la nación, dependen de las influencias del hogar”. Ministerio de  Curación,  Pág. 349.

Esta declaración pública  fue dada por el presidente de la Conferencia General, Neil C. Wilson, después de una consulta con los 16 vicepresidentes mundiales de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, el 27 de Junio de 1985, en la sesión de la Conferencia General en New Orleáns, Luisiana.

 


Esta declaración fue aprobada y votada por el Comité Administrativo de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día (ADCOM) para ser dado a conocer por la Oficina del Presidente, Robert S. Folkenberg, en  la sesión del  Concilio Anual en San José de Costa Rica, Octubre 1 – 10 de 1996.

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